PAJAROS

 

Índice

Prefacio ....................................................................................

CAPÍTULOS

1. Haces cantar a mi corazón ...................................................

2. Beber del sonido ....................................................................

3. A ella le gusta .......................................................................

4. La máquina de cantar ..........................................................

5. ¿Tu melodía o la mía? ...........................................................

6. Ritmo y detalle ....................................................................

7. El nuevo cerebro del canario ..............................................

8. Escucha con el Sinsonte ........................................................

9. Lo opuesto del tiempo ...........................................................

10. Convertirse en un pájaro .....................................................

Agradecimientos ………........………..........................…….....

Otras lecturas ............………………..........................…….....

Créditos de ilustración ..........................………………..........

Índice alfabético ..........................................….…....................

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PREFACIO 11

En el 2000, el año en que comencé a tocar música en directo con

los pájaros, me encontré con un risueño tordo de cresta blanca

que cambió por completo mi modo de entender cómo la música

emerge de la naturaleza y cómo las melodías pueden cruzarse hasta

ir incluso de una especie a otra. Con éste encuentro que ahora menciono

comienza el viaje que es este libro, un intento de respuesta a la

atractiva pregunta de por qué cantan los pájaros.

Algunos de vosotros quizá entendáis que se trata de una pregunta

simple con una respuesta igualmente sencilla: los pájaros cantan

por el puro placer de hacerlo; cantan porque están capacitados para

ello... Otros verán los trinos de los pájaros bajo una perspectiva totalmente

científica: cantan para atraer a sus parejas; o para probar

su habilidad genética con agotadores despliegues de virtuosidad; o

para defender su territorio con sonidos furiosos. Tal vez exista una

explicación elegante y sencilla de la belleza del canto de los pájaros,

perfectamente coherente con los principios de la selección natural.

Pero, por el momento, el misterio viene a ser mucho más profundo.

La humilde pregunta de ¿por qué cantan los pájaros? nos fuerza a

reconsiderar qué es la música y de dónde viene, qué tipo de pensamientos

pueden tener los animales y hasta qué punto nos podemos

comunicar con ellos. ¿Cuáles de nuestras habilidades humanas pueden

resultar más útiles para introducirse en la mente de otras especies

animales? Y lo cierto es, a mi entender, que no deberíamos

descartar la posibilidad de que pájaros y humanos puedan compartir

el gusto por la canción.

El camino que ha de recorrerse para obtener una respuesta a las referidas

cuestiones nos ha obligado a escuchar todas las canciones de

los pájaros, desde simples snips a arias de media hora, desde Bélgica

hasta Zambia... Gruesos volúmenes repletos de datos científicos nos

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12 POR QUÉ CANTAN LOS PÁJAROS PREFACIO 13

han orientado a lo largo de ese recorrido (entre las obras consultadas

hay, por ejemplo, un estudio de doscientas páginas sobre el canto

de un papamoscas, una especie que tan sólo es capaz de gorjear tres

notas). A la postre, dicho camino nos ha permitido comprender la

diferencia entre un sinsonte y un ruiseñor; nos ha permitido llegar a

entender cómo escucharlos adecuadamente y cómo unirse a ellos...

Asimismo, el camino nos ha conducido por los poemas de las aves,

plenos de ritmo y de significado; nos ha llevado a través de culturas

humanas que han hallado inspiración en el mundo aviar... En última

instancia, al término del viaje, toda esta peregrinación intelectual

nos llevó a un bosque tropical australiano... Allí toqué mi música

con uno de los más introvertidos y grandiosos cantores del mundo:

el ave lira de Alberto.

La Nacional Audubon Society dice que setenta millones de personas

en los Estados Unidos (aproximada y sorprendentemente un

cuarto de su población) se denominan a sí mismas observadoras de

los pájaros. Muchos de nosotros nos vemos atraídos en un primer

momento por el mundo de los gorjeos gracias a los sonidos, pero a

menudo dejamos de escuchar cuando advertimos que no hay movimientos

rápidos en los árboles. Este libro es para aquellos que

quieren escuchar más profundamente. Analizando con atención esos

sonidos, el lector podrá '6Fír muchos más matices y estructuras. Un

pequeño número de entregados investigadores, tanto de la ciencia

como del arte, han examinado con detalle esos cantos aviares con la

esperanza de capturar algo de su espíritu.

Abordo este proyecto desde distintas perspectivas. Como intérprete,

siempre he deseado que mi música sonara tan espontánea y correcta

como la de los pájaros. No es una labor sencilla. No obstante,

imitando a la naturaleza con mis propios instrumentos, tocando con

sonidos naturales grabados, he logrado interactuar con esos pequeños

animales mientras trinan.

Como filósofo, he reflexionado a menudo tratando de hallar una

respuesta a la pregunta de qué debe hacer la humanidad para encontrar

su lugar, su hogar, en el mundo de la naturaleza. El aparentemente

inocente asunto del canto de los pájaros nos sugiere que

sólo una visión multidisciplinar de ésta nos permitirá desentrañar

sus misterios. En este libro se describen diferentes historias con el

objeto de ofrecer una rigurosa fundamentación filosófica. Para ser

franco, puede que me gusten más las preguntas que las respuestas,

que nunca dejarán de sorprender por completo.

Y una de las preguntas que nunca se desvanecerá es ésta: ¿puede

resultar del todo satisfactoria alguna explicación de la belleza? Hemos

desvelado cómo la evolución es capaz de producir maravillosos

cantos de pájaros mediante sucesivas generaciones de pequeñas

transformaciones. No obstante, ninguno de esos conocimientos es

incompatible con la idea de que los pájaros experimentan alegría al

cantar... La naturaleza siempre es maravillosa, independientemente

de lo mucho o poco que se conozca sobre ella.

Una encantadora pieza de música, en realidad, no dice nada. Los

pájaros ciertamente cantan para encontrar el amor y hallar su hogar,

pero estos razonables propósitos, insisto, no descartan la posibilidad

de que experimenten felicidad al hacerlo. Si la ciencia es comprender

la felicidad, ¿por qué no utilizar las habilidades de los músicos y

los poetas, sus capacidades humanas, para desentrañar los misterios

del mundo de la naturaleza?

Existe, por ejemplo, cierta investigación sobre el canto de las ballenas

en las que este tipo de cooperación interdisciplinar se ha demostrado

altamente provechosa: Michel André y Cees Kaminga han

estado estudiando el ritmo y los sonidos tipo clic de los cachalotes

durante años en las proximidades de las costas de las Islas Canarias.

Al escuchar los sonidos que habían registrado, los científicos descubrieron

que no podían identificar a las ballenas de forma individual,

una a una, oyendo únicamente los clics porque... ¡había demasiados

ritmos superpuestos! El mismo problema tienen los occidentales

cuando escuchan por primera vez un numeroso grupo de tensos tambores

del oeste de África. ¿Cómo puede cada músico mantener su

individualidad rítmica entre esa enorme mezcla de notas y tiempos?

Tras reflexionar acerca de ello, André y Kaminga acertaron en la

idea de buscar a un maestro de percusión senegalés, Arona N’Daye

Rose, para que les ayudara.

Con su bien entrenado oído, Rose podía oír la afirmación individual

dentro de la mezcolanza y era capaz de seleccionar ritmos de

ballenas específicas dentro del rápido golpeo del combate. Gracias

a su experiencia, determinó igualmente que la abundancia de clics

estaba organizada en torno a un sólo golpe dominante. Con la ayuda

de los músicos, los científicos llegaron a la conclusión de que cada

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14 POR QUÉ CANTAN LOS PÁJAROS PREFACIO 15

ballena tiene su propia y distintiva serie rítmica de clics, un sorprendente

hallazgo que ningún estudio previo había sido capaz de

desvelar.

Si los músicos pueden ayudar a investigar el canto de las ballenas,

también deberían ser capaces de colaborar en el estudio del de los

pájaros. Los cantos complejos de pájaros –como los del sinsonte, el

ruiseñor, el ave lira y tantos otros– comparten muchas estructuras

con la música humana: desde formas de organización a escalas y

procedimientos de articulación. Y la historia y las razones de ello

están mejor documentadas en la música que en la ciencia natural.

Ambas todavía creen que siguen caminos distintos: objetivo, una, y

subjetivo, la otra. Pero un largo viaje por las dos rutas nos sugiere

que en muchas ocasiones podrían encontrarse, tan pronto como admitan

recíprocamente el valor de los métodos de la otra. Este libro

presenta a los pocos científicos que han intentado utilizar la música

como una herramienta de análisis de los sonidos de los pájaros, pero

aún se podría hacer mucho más. Espero inspirar a más científicos y

músicos a trabajar juntos en una interacción comprometida con el

mundo natural.

La mayor parte de este libro la escribí en una casa de piedra, en el

campo, en una aldea rodeada de pájaros cantores. A veces escuchaba

durante tanto tiempo sus gorjeos que mis oídos parecían estar gastándome

bromas. Un día estaba tocando algunas grabaciones del zarapito

euroasiático para algunos amigos compositores, comparando

la precipitación del disparatado clímax de su tono con lo que Olivier

Messiaen hizo en su Catálogo de pájaros1. Más tarde, aquella noche,

estando alarmantemente despierto, me parecía estar oyendo a un ave

marina extranjera. El sonido parecía venir del árbol que estaba al

lado de mi ventana. ¿Cómo era esto posible? Debí tener un sueño

musical. Lo había escuchado claramente.

Al día siguiente noté que uno de los sinsontes vecinos había vuelto

a mi árbol, cantando con ese extraño entusiasmo que únicamente

exhiben durante unas pocas semanas otoñales –tras el apareamiento

y el ritual de defensa del territorio. Con empeño obstinado, una nota

tras otra, a la mitad de su aria, lo escuché de nuevo, a plena luz del

día. ¡Se trataba de las mismas notas del zarapito, gritando de alegría,

con todos esos gorgoritos detonando en su pico! ¿Escogió la canción

de la grabación que había escuchado el día anterior? ¿O puede que

simplemente se inclinase a seguir los mismos turnos de notas? A lo

largo de este libro, en tu lectura, verás que ambas explicaciones son

plausibles.

Continúa leyendo y encontrarás lo que sabemos y lo que no sabemos

sobre la amplitud de posibilidades de cosas que los pájaros pueden

cantar. Aunque he intentado capturar el sabor del alegre canto de

las canciones de los pájaros en este texto, es mejor que lo escuches

por ti mismo. Los oídos recogen el sonido antes de que tengamos

palabras para poder explicarlo. Sal a la locura de la primavera y escucha

a estos exuberantes cantores en su propio hábitat. También podrás

escuchar muchas de las canciones descritas en el texto visitando

el sitio web www.whybirdssing.com y en el CD que se ha editado en

Estados Unidos y el Reino Unido, también llamado Why birds sing2

(Terra Nova Music TN-0501). Allí se presentan las últimas de mis

colaboraciones musicales con el mundo natural.

1 N. de la T. Catalogue d’Oiseaux, de Olivier Messiaen. 2 N. de la T. Por qué cantan los pájaros.

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EL RISUEÑO TORDO

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CAPÍTULO 1

Haces cantar a mi corazón

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HACES CANTAR A MI CORAZÓN 19

Es marzo del año 2000 y me encuentro en Pittsburg, en el National

Aviary, con el propósito de reunirme con la mejor colección

pública de pájaros enjaulados de todos los Estados Unidos. Tengo

planeado llegar al amanecer y, de ese modo, sorprender cautelosamente

a los cantantes en su coro madrugador, cuando el estruendo es

mayor. El artista Michael Pestel me espera a las puertas del aviario,

alejado de las zonas más elegantes de la ciudad. Pestel ha pasado

años tocando con los plumíferos habitantes del lugar. El personal

permite que los músicos toquen en las primeras horas del día, antes

de que acuda el público al complejo, en su mayoría formado por los

dicharacheros escolares que acuden a las visitas guiadas.

A las seis de la mañana las puertas están cerradas. Chillidos y

graznidos de todo tipo salen del interior de los muros. A través de

la barrera exterior contemplamos enormes alas oscuras moviéndose

rápidamente. Pestel no está habituado a levantarse a estas horas, así

que aparece con su barba y su pelo gris desgreñados, trayendo consigo

su flauta y varios instrumentos caseros de cuerda. También hay

algo de explorador en él, con esa larga y arrugada camiseta, llena de

bolsillos repletos de reclamos para la caza de pájaros.

Saco de sus fundas mis clarinetes y saxófonos, junto con una larga

armónica noruega de plástico y algunos silbatos dobles búlgaros.

Me encuentro algo adormilado, pero estoy preparado para escuchar

lo que estos pájaros ocultan. Nos dirigimos al pantano, un espacio

abovedado que contiene una cubierta de observación con pájaros

acuáticos de todo el mundo.

Pavos y garzas de agua, espátulas comunes y cercetas. Un conoto

verde se abalanza sobre el agua y un charrán inca, con un impresionante

bigote blanco, camina apaciblemente a lo largo de la valla.

Chapotean, se zambullen, gritan y nadan. Me concentro para percibir

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20 POR QUÉ CANTAN LOS PÁJAROS HACES CANTAR A MI CORAZÓN 21

alguno de los ondulantes ritmos de los pájaros. Me resultan familiares.

En el aviario suena para ellos Marvin Gaye a todo volumen... ¡a

las seis de la mañana! Las aves graznan y chillan.

–No puedo trabajar en estas condiciones –refunfuña Pestel–. Tenemos

que conseguir que no armen tanto barullo.

–¿No les dijiste que veníamos?

–No –sacude la cabeza–. El arte siempre llega sin previo aviso.

Es profesor de arte, debería saberlo. Al principio era escultor,

pero vivir en la misma ciudad que este increíble aviario le condujo

al mundo de la música. Alentado por la presencia de estos músicos

voladores, Pestel, con el transcurso de los años, ha adquirido flautas,

grabadoras, campanas, silbatos…, todo aquello a lo que los pájaros

respondan de algún modo. Sorprendentemente, ha desarrollado un

estilo inconfundible de interpretación, algo entre Eric Dolphy y los

chochines suramericanos. La música es sólo una parte de su obra

global, que incluye también una galería con sonidos de pájaros, piedrecillas

y estructuras giratorias de madera instaladas en exhibiciones

que hoy pueden verse en todo el mundo.

–Sigo preocupado. ¿Estás seguro de que nos dejan hacer esto?

–Sin problema. He venido aquí muchas veces. Y esta gente me

conoce. Estos pájaros me conocen.

Se han apagado los aspersores. Marvin acabó. Me pregunto si

preferirán nuestra música en directo. ¿Realmente un momoto corona

azul o un fruterito violáceo desean escuchar los gritos de un instrumento

extraño antes del desayuno? ¿No lo estaban haciendo bien

con él. ¿Qué está pasando?

Wittgenstein tuvo el valor que se requiere para advertirnos de que

si un león pudiese hablar, no podríamos entenderlo. ¿Está seguro de

ello Herr Ludwig? Si un león ruge, lo entendemos. Si un gato ronronea,

lo entendemos. Y si la voz de cualquier animal se escucha como

arte en lugar de como portadora de un mensaje... comienzan a suceder

cosas francamente interesantes: la naturaleza no será un enigma

por mucho tiempo, sino más bien algo inmediatamente bello, una

exuberante obra a la que podemos unirnos. Las melodías de los pájaros

siempre han sido llamadas «cantos» por una razón fundada. Si

escucha con la atención precisa, la gente podrá concluir asegurando

que hay música saliendo por los afilados picos de las aves.

Nos instalamos en la cubierta de madera cercana a la valla que

nos separa de la laguna artificial. Los instrumentos empiezan a templarse.

El equipo de grabación está montado y listo para comenzar.

En un lateral de la sala, un oscuro cuervo nos observa con interés

encaramado sobre una rama; levanta su cabeza y nos mira con complicidad.

Pestel toca una nota larga, baja y resbaladiza, seguida de un raspante

soplido. Algo extraño se abalanza sobre mis pies, arrastrando

sus largas y negras alas. ¡Algún tipo de desgarbado pavo! Leo en una

placa de la valla que es un trompetero alagrís, capturado en el Amazonas,

mientras él me lanza una curiosa mirada silenciosa.

–¿Qué miras? –le digo. Cautelosamente, da un paso hacia el cable

del micrófono, preparándose para engullirlo con la determinación de

una estocada.

–Hey –lo aparto–. Deja de bailar y canta.

Tras una particular nota de clarinete, prueba a decir: Taaah Taaph

tah ta, taaaaaa, taa tap ta. Suena más como un trombón bajo el

agua. ¿Vine para encontrar música en esto?

Ábrete a la música de la vida aviar y hallarás un lugar para la

humanidad entre ella. Ábrete a su lengua extranjera sin la intención

de comprenderla. Al escribir las canciones del picogordo pechirrojo,

Aretas Saunders tuvo que utilizar neumas de compás libre, así como

sílabas impronunciables. Aquí hay ritmos, tonos, melodías... Es cierto

que ninguna de ellas se halla cercana a nuestros sistemas musicales

o lingüísticos. Proceden, en realidad, de una mente distinta. Pero

la cuestión es que hay millones de observadores de pájaros por todo

el mundo y necesitamos algo que nos ayude a seguir la pista de todos

estos sonidos.

Claro, como el silbido de un petirrojo

CANCIONES DEL PICOGORDO PECHIRROJO

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22 POR QUÉ CANTAN LOS PÁJAROS HACES CANTAR A MI CORAZÓN 23

El filósofo Thomas Nagel dice que nunca sabremos lo que es ser

un murciélago porque nunca podremos tener una experiencia como

murciélagos, solamente imaginarla o reconstruirla. Lo mismo ocurre

con los pájaros: ¿quién sabe lo que sienten cuando cantan, escuchan

y vuelven a cantar?

En lo que a mí respecta, no pretendo saber mucho de música, pero

sé lo que me gusta. Y quiero que me sorprendan. Me aburro fácilmente

e intento no tocar nada que haya escuchado antes. De todos

modos, ¿cómo puedo ser tan innovador? Estamos definidos y condicionados

por nuestra memoria, por lo que sabíamos al nacer y por

lo que hemos aprendido a hacer merced a la experiencia. ¿Tan distintos

somos a los pájaros, cotorreando frases esperadas, canciones

integradas o aprendidas en nuestra juventud para poder sobrevivir?

Interpretando jazz durante largos años aprendí series de oraciones

musicales y procedimientos para dar la vuelta a escalas de maestros

como Parker, Coltrane y mi propio profesor Jimmy Giuffre, y ahora

se supone que debo mezclar e hilvanar este repertorio en el precipitado

juego de la improvisación. Quizá algún extraño pájaro superinteligente

pueda encontrar la música humana como una simple

repetición y recombinación de fragmentos y sonidos sin significado

alguno, sin un mensaje inteligible que pueda ser reducido a la lógica

gramatical de su especie.

De pronto hay una voz extraña. ¿Una voz humana? «¿Quién?»,

escucho, «¿Quién?, ¿quién, qué, dónde, por qué?, ¿quién, qué, dónde,

por qué?».

Es ese cuervo. No es sólo un cuervo, éste habla.

–¿Has oído eso? –le pregunto a Pestel por encima de la flauta, a

la cual ha estado murmurando mientras soplaba una tonada, drdrdrdrgdrdrguh,

su firma del sonido, mitad pájaro, mitad hombre.

–¡Oh! –dice–. Es Mickey, lleva aquí años.

–¿Sabe lo que dice?

No se supone que un cuervo parlante tenga que saber lo que dice.

Tampoco se supone que los loros tengan que comprender lo que imitan.

No lo hacen en el mundo salvaje, pero, viviendo con nosotros,

saben hacerse notar. Cualquiera que haya pasado algún tiempo entrenando

pájaros sabrá que te sorprenden constantemente, emulando

precisamente aquellos sonidos que, gracias a su experiencia, saben

que captarán la atención humana.

Pero no estamos aquí por esto. Queremos música. Respuestas, no

preguntas. Mickey puede hablar, pero… ¿puede cantar? Gra, empieza

a hablar enfáticamente, de alguna manera muy distinta a la

humana: graaaaaaa.

–Tampoco queremos eso –Pestel sacude la cabeza–. Este pájaro

simplemente está imitando a la gente que imita a los cuervos.

Un guacamayo jacinto está atento a nosotros. Nos movemos mientras

tocamos. Él se mueve hacia delante y hacia atrás, contoneándose

al tiempo que la música. Ordena a una perca que preste atención en

el centro de la sala. Pero sigue sin cantar.

Uno de los flamencos más grandes se alimenta. Es rosa, imponente

con ese cuello retorcido hacia atrás. Graaaa graaaa graaa

bruuuummmm, grazna. Es tan alto el graznido que humilla al resto

de pájaros de la laguna. La cacofonía aumenta. ¿Es ésta una sinfonía

silvestre del pantano? ¿O simplemente una protesta vocal? ¿Les estaremos

robando mucho tiempo?

–Tío, esa cosa rosa no va a callarse –refunfuña Pestel–. No puedo

trabajar en estas condiciones. Vamos al bosque tropical.

–Pero, ¿ha dejado de llover? Me preocupan los instrumentos.

–No te preocupes, parará por nosotros.

En la sala del bosque tropical, nos absorbe una humedad sofocante.

Aún permanece la bruma del rocío de la mañana. En lugar de

mirar hacia abajo y buscar pájaros, miramos hacía arriba y escuchamos.

Todo lo que hay a nuestro alrededor es la alta marquesina. Los

pájaros son más pequeños, perezosos. Al principio, comenzamos a

tocar mientras ellos revolotean alrededor. Ruidosos, blancos mainás

de Bali, mágicas aves-flor de espalda negra. Un austero cálao bicorne.

La enorme gura victoria de Nueva Guinea, con su agradecida y

estrellada cresta, salta lentamente por el suelo. Fantásticos estorninos

azul oscuro y abubillas arbóreas verdes. Estos pájaros están por todo

el mundo, así que el sonido en este bosque interior de Pensilvania es

una mezcla globalizada. Nada que hayas podido escuchar en la naturaleza.

Es una composición única definida por el confinamiento.

Estas especies tropicales son más ágiles, instantáneamente melódicas.

Ba ba bu ba pe pa, canta un tejedor de taveta de un amarillo

brillante en una escala pentatónica. Esplendorosamente claro, cinco

tonos abiertos. Nos está invitando a nosotros, los músicos de viento.

Todas las culturas humanas dan la bienvenida a estos cinco amigos.

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24 POR QUÉ CANTAN LOS PÁJAROS HACES CANTAR A MI CORAZÓN 25

Tropezamos, probamos, imitamos. ¿Le importa? Sigue cantando la

misma tonada alegre.

Pero pronto se ve eclipsado por el mirlo shama hindú, un virtuoso

explorador. Una nota tras otra, todo lo que toquemos simplemente es

un desafío para él. Para cualquier cosa que le ofrezcamos, tiene una

réplica más alta. Cada canción parece flamantemente nueva.

–Espera un segundo, pensé que estas canciones eran innatas –inquirí

a Pestel– ¿No les basta con hacer sonar correctamente una sola

canción para dar por hecho su trabajo?

–Reclamos –susurra Pestel–. Los reclamos de los pájaros son

innatos. Son los sonidos que hacen con un significado especifico:

«¿Dónde estás?» o «tengo hambre» o «¡cuidado!, un halcón está

merodeando por ahí arriba». Los cantos son, de nuevo, algo más. Si

son complicados, tienen que aprenderlos. Y los pájaros solamente

aprenden estas canciones en épocas muy especiales y señaladas de

sus vidas. Las canciones les ayudan a marcar su territorio y atraer a

sus compañeros, pero les gusta nuestra música, porque no tiene un

mensaje tan claro.

–¿Quieres decir que nacen conociendo sonidos que tienen significado

y deben aprender los sonidos que expresan?

–Puedes explicarlo así, pero, de todos modos, se trata de un asunto

que no influye en la música –dice mientras se detiene para soplar un

poco de aire en la flauta–. Cada pájaro tiene una siringe en lugar de una

laringe. Tiene dos partes en lugar de una. No son como nosotros. Ellos

pueden cantar varias tonadas a la vez y la mayoría tiene el potencial para

hacer muchos más sonidos de los que realmente hacen. Los humanos

les provocamos. Mira el cuervo parlante. Ahora deja de hablar y toca.

Con los instrumentos en nuestros labios, Pestel y yo nos movemos

lentamente a través de este bosque artificial, con esos falsos goteaderos

de las hojas reales cayendo cada día, escuchando y buscando a un

pájaro en particular que esté preparado para interactuar con nosotros,

que nos tome como cantores reales en el coro del amanecer.

Frente a un matorral, toco unas notas y de pronto me sale un fuerte

y rítmico exceso emocional: Brr du du du. Toco algo parecido

a lo de atrás -be pu be pu beep- y entonces, mientras voy trazando

la melodía, el pájaro se une a mí desde arriba. ¿Quién me llama?

Hmmm. Es gris, negro y blanco. Del tamaño de un tordo, furioso, y

está bailando a mi alrededor como un loco.

Sigo tocando y él responde. Al principio se vuelve hacia mí con

arpegios ascendentes, fuertes y difíciles. Vuelvo a tocar de nuevo.

Levanta su cabeza, salta para acercarse a mí. Cambian mis notas y

cambian las suyas. Parece haber algún tipo de conexión. ¿Cuál es

el mensaje? Si es música, el mensaje importa menos que el sonido.

¿Iremos juntos a alguna parte donde no podamos separarnos?

Aparece una mujer con una fregona enorme, limpiando el lugar.

Me mira con una sonrisa.

–¿Lo has conseguido con mi hombre?

–Sí –digo–. ¿Qué es?

–Es un tordo jocoso gárrulado.

–¿En serio? –río, y el pájaro se ríe algo más. Su risa es una melodía,

una melodía saxofónica, una risa de Charlie Parker.

–¿Está trepando con usted? –ríe ella.

En las laderas de su Asia suroriental nativa, estos tordos jocosos

van en grupos ruidosos y charlatanes de una o dos docenas. Su sonido

se considera generalmente como un reclamo, con una función

social especifica, más que como una melodía de atracción a la pareja

o canto para repeler a los enemigos. Ambos, hembras y machos, lo

hacen. ¿Significa esto que mi pájaro está intentando decirme algo

específico para introducirme en su grupo o sacarme de su mundo?

Parece vivir por sí mismo, separado del resto de miembros de su

tribu. Quizá es un solitario. Puede que la diferencia entre reclamo y

canto no sea tan clara cuando un pájaro se enfrenta a música extraña.

Los sonidos de éste son definitivamente cambiantes en relación a mí.

Algo está ocurriendo.

Pestel sube lentamente y recoge material de lo que oye. «¡Uau!

Nunca había oído a este pájaro tan excitado. Parece que has conseguido

comunicarte con él».

–¿Soy amigo o enemigo?

–Ten cuidado –dice Pestel–. No sucumbas tan rápido a ese modelo

evolutivo –añade mientras ladra mediante un reclamo de pájaro

amarrado a su flauta con una goma elástica–. El mundo real es siempre

más de lo que ellos, los científicos, nos cuentan.

Escuchar el sonido de los pájaros como música es algo en lo que

siempre se halla algo místico. Escucha el mundo por completo como

música y verás que vivimos en medio de una abundancia de sonidos

maravillosos. ¿Cuántas criaturas más están esperando para dar el salto?

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26 POR QUÉ CANTAN LOS PÁJAROS HACES CANTAR A MI CORAZÓN 27

Es difícil escribir sobre o describir cualquier tipo de música humana.

Y más difícil todavía es tratar de interpretar la de otras especies

tan distintas de la nuestra. Holalay helaylo heelayla, una trompeta

temblorosa desde los árboles. Está sonando alta y claramente.

¿Qué más podemos conocer? Cuando se plantea la pregunta de por

qué cantan los pájaros la mayoría de los científicos responden que

para delimitar el territorio o con el fin de hacerse más atractivos a los

ojos de sus compañeros potenciales. Pero a medida que me zambullo

en la historia de esta investigación, la cuestión va tornándose mucho

más compleja y sutil. No hay una razón clara de por qué los loros

domésticos se burlan con sneeps y píos, mientras que los sinsontes

castaños necesitan miles de motivos distintos para las canciones. Sin

esta impresionante necesidad de cantar, el sinsonte sería un simple

pájaro con manchas marrones aupado en la copa de los árboles.

Evolucionar no equivale forzosamente a incrementar la capacidad

de producir belleza. La ciencia necesita datos para respaldar cada argumento.

De hecho, un científico responsable ni siquiera pretendería

saber por qué cantan los pájaros. Me pregunto, no obstante, si estaría

en contra de la idea de que los pájaros simplemente cantan porque

explotan de alegría.

Desde la irrupción del Modernismo, hemos aceptado y dado por

buenas todo tipo de mezclas y peculiaridades organizadas para sonar

como música. En el fondo, se trata del legado más poderoso de la

era de la abstracción en las Bellas Artes: cualquier cosa puede ser

apreciada por sus cualidades estéticas inherentes, desde una pizarra

vacía o una simple pared a una ráfaga de viento o ruido electrónico.

Aunque esto puede hacer más difícil discernir qué es arte y qué

no, tiene consecuencias prácticas definitivamente maravillosas. Tan

maravillosas que, trabajando y desarrollando nuestras habilidades

personales, podemos estar en condiciones de amar todos los sonidos

que la naturaleza nos permite escuchar. Si hacemos un esfuerzo de

seriedad y nos abrimos a todas las posibilidades de belleza natural,

entonces, hasta los graznidos más fuertes y los gritos pueden llegar a

ser considerados música. Sí, en efecto, no cabe duda de que estamos

mejor preparados de lo que nunca antes lo hemos estado para escuchar

la música.

La de los pájaros ha estado a nuestro alrededor durante millones

de años, muchos más que cualquier composición humana. Y esto debería

impresionarnos... Esto debería conferir cierta prestancia, valor

añadido, a las tonadas que nos brindan los pájaros. Que la ciencia

demuestre que el canto tiene un propósito sexual o territorial no significa

que los pájaros no canten porque les guste.

El sonido de los pájaros tiene muchos atributos similares a la música

humana (repetición de notas, tema y variaciones, gorjeos virtuosos

e impresionantes y adornos, escalas e inversiones). Quizá sea

ese el motivo de que ofrezcan una inspiración tan radical a algunos

músicos. Mediante increíbles procedimientos, haciendo sonar

de forma simultanea murmullos de distintas frecuencias y operando

esas complejas transformaciones del sonido que solamente una siringe

puede producir, las canciones de las aves son a la par alegres y

plenas de significado. El sonido del mundo que nos rodea es mucho

más rico merced a esas criaturas. Y la música es una de esas formas

de expresión compartidas por distintas especies del planeta. Por todo

el mundo, desde Babenzélé Pygmies hasta Beethoven, existe música

derivada de los sonidos del mundo aviar. Los músicos aspiran reverentemente

a incorporar a sus composiciones la inagotable belleza

de esos frondosos cantos.

Así que sal al exterior, camina por el bosque o por el campo, capta

el primer sonido de pájaro que escuches. No te preocupes si no sabes

cuál es, no tienes la necesidad de conocer el nombre del músico para

comprender el sentido de su música. Simplemente escúchale. Si sólo

estás interesado por los sonidos de tu propia especie, tal vez percibas

únicamente ruido al oír los producidos por otros animales.

Nunca lo sabremos porque no podemos llegar al interior del pájaro.

Pero imagina la vida de ese animal, trata de ponerte en su lugar.

¿Amante, amigo o enemigo? ¿Está llenando nuestro espacio o está

seduciéndonos? ¿Nos amenaza o simplemente defiende su territorio?

Esto es ver el canto como algo práctico, desde su propia experiencia.

Y todavía puedes ir más lejos. Imagina un pájaro cautivado por

su propio sonido. Sus cantos son bellos, complejos, claramente más

de lo que sería necesario para transmitir y hacer comprender su mensaje.

Debe haber exhuberancia, alegría. El pájaro está dotado como

un virtuoso y adora mostrarlo, explorarlo y gritarlo. ¡Qué vida más

artística! La música puede ser el único lenguaje que el canto de los

pájaros necesita conocer. Sus cerebros pueden ser pequeños pero,

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28 POR QUÉ CANTAN LOS PÁJAROS HACES CANTAR A MI CORAZÓN 29

piensa cómo una increíble parte está dedicada a la música, al placer,

al arte. Su canto es la esencia del regocijo cada vez que explota, preciso

y completo.

Hay algo inherentemente predecible en el canto que producen

esas pequeñas criaturas aladas. Justamente por ello, nos preguntamos:

¿por qué, entonces, suenan tan repentinos y nuevos? El canto

de los pájaros es un desafío genuino a la vanidad humana, amén de

un camino estupendo para hallar la belleza en la naturaleza. Ninguna

lógica natural, ninguna disciplina científica, explica por qué son

tan diversos y complejos. Si escuchamos del modo adecuado, podemos

abandonar nuestros prejuicios y descubrir nuevos territorios

musicales. Su música es esencial, no arbitraria; juguetona, pero con

un propósito; repetitiva, pero no aburrida. Posee aquello a lo que la

humanidad aspira.

El tordo jocoso continúa riendo con el clarinete. Es un jazz de

matorral, una improvisación del mundo aviar. El canto de un animal

alcanza a otro. Cuando comienza el juego musical entre humanos

y pájaros, lo mejor es huir, no aferrarse, a las clásicas categorías de

lo hecho por el hombre y lo natural. La interacción ocurre y eso es

todo. Sucede y crece antes de que la comprendamos. A la postre, es

el sonido lo que importa, la armonía. ¿Quién mejor para engatusar

que un pájaro cantando con un desaforado deseo de cantar?

Pestel y yo tocamos durante horas con los exóticos cantores del

aviario, pero ellos nunca se detienen y, en buena lógica, nosotros

empezamos a experimentar cansancio y a sentirnos hambrientos.

–¿Deberíamos dejar a los pájaros cantar y tomar nuestro humilde

lugar al borde de los árboles? –dije–. O al menos ir a desayunar.

–No, tenemos que quedarnos con ellos. ¿No ves que nos están

retando a quedarnos? –me respondió, completamente seguro de lo

que decía.

Espero que esté en lo cierto.

¡Cuán restringido es el sentido de la música que el común de los

mortales transita! Deberíamos ampliar el dominio del arte, del mismo

modo que ampliamos nuestros conceptos éticos para incluir entre

nuestros deberes la protección del medio ambiente con la honesta

esperanza de hallar un camino para que nuestra especie cuide de este

frágil mundo. ¿Por qué, –se pregunta el gran racionalista Emmanuel

Kant en su manual estético Crítica del juicio– nunca nos cansamos

de escuchar las sencillas melodías de los pájaros, teniendo en cuenta

que si un ser humano tuviera que tocar dos o tres notas y las repitiera

indefinidamente, nos empacharíamos sin ninguna duda con ellas?

El canto de los pájaros, decidió Emmanuel Kant, no es realmente

bello, sino sublime, algo maravillosamente extraño para nuestro

entendimiento, seductor, pero siempre fuera de nuestro alcance. Sus

sonidos son salvajes, irregulares, atrevidos, chocantes y capaces de

llevarnos a algún lugar situado más allá, muy lejos, de las meras artes

humanas. Difícilmente podemos improvisar sobre ellas.

Esto es todo. Sin duda esta experiencia me está volviendo salvaje.

Tocar con los pájaros, en lugar de pensar acerca de ellos, me está

ayudando a sentir qué es ser un ave. No busco una prueba, solamente

posibilidad y esperanza para nuevas formas de interactuar, nuevos

sonidos que sorprendan. Cosas salvajes. La mente nunca es tan poderosa

como la habilidad de cantar y bailar. Haces que mi… La música

ocurre antes de que digamos que es imposible. Tu haces todo

Los pájaros escuchan, quieren más. Quizá sienten algo del estilo de:

«Esta gente no sólo nos enjaula y alimenta y escucha; quizá también

esté preparada para aprender de nosotros».

¿Me convencerá la ciencia de que la música está en mi cabeza

y no en los pájaros? ¿Y qué hay de la poesía que ha buscado largamente

el significado dando la vuelta al lenguaje, convirtiéndolo en

ritmo? ¿Y la larga historia del canto de los pájaros haciendo su camino

y dejando huella en las normas y pasiones de la música humana?

¿Debemos poner el canto de un pájaro en un contexto humano para

tratar de hallar alguna lógica en él?

En un bosque tropical artificial de la Ciudad de Acero, encontré

un tordo jocoso gárrulado que me mostró cómo las melodías pueden

pasar de una especie a otra. Es hora de seguir el rastro de todos los

expertos, escuchar lo que han oído en un laboratorio, en lo salvaje,

en la memoria y en los mitos. Este libro realiza un recorrido por los

hallazgos de todos estos expertos al tiempo que denuncia sus limitaciones.

Depués de todo, ninguna respuesta científica ha sido hasta la

fecha lo suficientemente concluyente para resolver de forma definitiva

el misterio de por qué cantan los pájaros.

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