Revisión por Tony Juniper, presentado en Tenerife
20 de setiembre del 2002 a congreso.
Resumen
El programa de
recuperación del críticamente amenazado guacamayo de Spix pone de
manifiesto los múltiples retos que lleva aparejada la lucha por salvar
especies de loros del borde de la extinción. A pesar de que el
esfuerzo para salvar al guacamayo de Spix ha generado logros
considerables, también propiciado serios desacuerdos. Extinto en la
naturaleza, el guacamayo de Spix se enfrenta a un futuro incierto. Las
experiencias del programa de recuperación hasta la fecha pueden y
deben ser usadas para planificar una estrategia de recuperación de la
especie en el futuro. Las interpretaciones y conclusiones presentadas
en este artículo son opiniones personales del autor.
Introducción
El primer espécimen del
guacamayo de Spix (Cyanopsitta spixii) fue recogido por el Dr.
Johan Baptist Ritter von Spix en las orillas del Río Francisco en
1831. La región en la que se capturó el espécimen se llama caatinga y
está caracterizada por espinos secos y cactus achaparrados. En la
localidad específica en la que se encontró el ave, el tipo de
vegetación dominante era bosques en galería junto a arroyos. A pesar
de su evidente familiaridad con otros guacamayos azules, Spix no se
dio cuenta de que había descubierto una nueva especie para la ciencia.
En 1832 Johann Wagler,
asistente de Spix y catedrático de zoología en la Universidad de
Munich, notó que el ave encontrada por Spix, y que él había llamado
Arara hyacinthinus, era en realidad una nueva especie. En honor de
su descubridor, renombró el ave como Sittace spix. Wagler se
dio cuenta de que el ejemplar obtenido por Spix era de menor tamaño
que el previamente descrito guacamayo jacinto y era de un color
diferente. Tenía una cabeza grisácea y un trozo de piel de color negro
desprovista de plumas en su cara, en lugar de las manchas amarillas
que se aprecian en el jacinto, y tenía un pico de menor tamaño y más
delicado que el enorme del guacamayo jacinto y sus parientes. Más
tarde, en 1850, el naturalista Príncipe Carlos Bonaparte propuso que
la especie debía ser incluida en un género monotípico - Cyanopsitta.
A pesar de que la especie
fue nombrada, descrita y clasificada, existen pocos detalles
posteriores sobre los hábitos de la especie, su distribución o estado
de conservación. En realidad, el siguiente científico en informar
sobre la especie en el campo lo hizo 80 años después del
descubrimiento de Spix. En junio de 1903, Othmar Reiser vio guacamayos
de Spix durante una expedición de la Academia Austaliana de Ciencias
al noreste de Brasil.
Reiser escribió, "Desde
que supe que Spix había descubierto este raro y bello loro en el área
del río Francisco, cerca de Joazeiro, me aseguré de estar atento por
si aparecía en el área descrita. Desdichadamente sin éxito. Todas las
preguntas hechas a los habitantes locales fueron también negativas.
Finalmente, en un lago en Parnaguá en el estado de Piauí, más de 400
kilómetros al oeste de Juàzeiro, Reiser y sus colaboradores se vieron
recompensados con dos avistamientos: uno de tres ejemplares y otro de
una pareja.
El siguiente informe sobre
la especie en Brasil vino de Kaempfer en 1927. Siguiendo una búsqueda
de guacamayos de Spix en la orilla norte del Rio Sao Francisco cerca
de Juàzeiro, Kaempfer escribió que "Todas las preguntas sobre
Cyanopsitta spixii que Spix descubrió hace cien años fueron
infructuosas, nadie sabía nada sobre un loro así". Pero fue capaz de
encontrar uno. Un ave cautiva que vio en la estación de tren de
Juàzeiro.
Los siguientes
avistamientos de aves salvajes fueron escasos y espaciados en el
tiempo. Pero varios coleccionistas y gerentes de zoológico se las
arreglaron para conseguir guacamayos de Spix. Además de las aves
encontradas a finales del siglo XIX, se exportaron aves vivas desde
Brasil a una gran variedad de destinos durante el siglo XX también.
Algunos de ellos fueron a los Estados Unidos, donde uno de ellos, por
ejemplo, fue mantenido en el Zoo de Chicago desde 1928 durante unos 20
años. Otros acabaron en el Reino Unido, donde varios coleccionistas
privados y zoológicos, como el de Paington en Devon y Mossley Hill en
Liverpool, los mantuvieron. En total, hubo hasta siete ejemplares en
el Reino Unido en la década de 1930. Al menos uno de ellos fue
mantenido en el Ulster a finales de la década de los 60; en la
Biblioteca Británica de Sonidos de la Naturaleza se conserva una
grabación de la llamada de estos pájaros. También se mantuvieron
guacamayos de Spix en el Zoo de Rotterdam, Holanda y en Alemania. Uno
pasó algún tiempo en el Zoo de Viena en los años 20, y al menos una
pareja fue importada a Portugal desde Paraguay.
Los guacamayos de Spix
también fueron suministrados a coleccionistas en el propio Brasil y al
menos uno de ellos tuvo éxito en su cría. Durante la década de los 50
un coleccionista de loros llamado Álvaro Carvalhaes constituyó un
grupo de cría formado por cuatro parejas que produjeron un total de 20
pollos5. Uno de ellos acabó yendo al Zoo de Nápoles.
Aunque hubo un flujo
continuo de guacamayos de Spix capturados en la naturaleza durante la
década de los 70 para satisfacer la demanda internacional en los
círculos de coleccionistas de aves, la naturalidad con la que los
coleccionistas declaraban la posesión de tan raras criaturas declinó
abruptamente a finales de los 60. Brasil prohibió la exportación de su
fauna nativa en 1967 y el comercio con el guacamayo de Spix se
prohibió bajo la Convención sobre el Comercio Internacional con
Especies Amenazadas (CITES) en 1975. Con efectos desde el primero de
julio de ese año, todo el comercio internacional de guacamayos de Spix
entre países que han ratificado el convenio es ilegal.
Una especie críticamente
amenazada
A principios de la década
de los 70, estaba claro que el guacamayo de Spix era muy raro y
probablemente estaba amenazado. Pero hubo pocos detalles firmes
concernientes a su situación real.
En 1974, Helmut Sick, uno
de los líderes de la ornitología brasileña, y su asistente de campo
Dante Teixera, vieron guacamayos de Spix transitoriamente cerca de
Formosa do Rio Preto; una pequeña ciudad a más de 500 kilómetros al
oeste de Juàzeiro en el Río Preto, un tributario del Sao Francisco, en
el noroeste del estado de Bahía. Sick registró dos grupos de aves, uno
de tres guacamayos, el otro de cuatro, volando sobre palmeras buriti (Mauritia
flexuosa). Sick y algunos otros ornitólogos creyeron que los
guacamayos de Spix, como otros tipos de guacamayos azules, se
alimentaban de nueces de palmera, y, por el lugar en el que habían
sido vistos, que preferían los frutos de las palmeras buriti.
Tres años después de este
avistamiento, Sick regresó de nuevo al campo a la búsqueda de los
evasivos pájaros azules, en esta ocasión con el ornitólogo americano
Robert Ridgely. Los dos científicos recopilaron detalles y extendieron
el posible rango del guacamayo de Spix hasta abarcar la parte noreste
del estado de Goiás y la parte sur de Maranhao. Cuando estos detalles
fueron cotejados con otros avistamientos procedentes de otros
reputados ornitólogos en los estados de Piauí, el rango probable del
guacamayo de Spix cubrió una vasta área del interior seco brasileño.
Paul Roth, un ornitólogo suizo que trabajaba para el departamento de
biología de la Universidad de Maranhao en Sao Luis, Brasil, decidió
que era el momento de llevar a cabo dicho estudio. Obtuvo una
financiación modesta del Consejo Internacional para la Preservación de
las Aves (ICBP), una red de grupos de conservación de aves en todo el
mundo con cuartel general en Cambridge, Reino Unido.
En junio de 1985, Roth
partió en la primera de una serie de cinco expediciones - la última de
las cuales concluyó en 1988 - para establecer el estado y la
distribución del guacamayo de Spix.
Roth utilizó los
avistamientos registrados para identificar un área de búsqueda
potencial de 300.000 Km2, algo mayor que Gran Bretaña e Irlanda
juntas. Dentro de esta vasta área el se concentró en tres
localizaciones generales donde el guacamayo de Spix ya era conocido:
la región de Gerais (la parte del interior donde se unían los estados
de Bahia, Goiás, Piauí y Maranhao), El sur de Maranhao y las zonas
vecinas de Pauí y a lo largo de las orillas del tramo central del río
Sao Francisco en el norte de Bahía.
Roth buscó en todos esos
lugares, visitando algunos de ellos en varias ocasiones, pero solo
encontraron pruebas concluyentes de la existencia del guacamayo de
Spix en un lugar. Mientras estaba buscando en Maranhao era dirigido
por un trampero hacia Curaçá, una pequeña ciudad a unos 80 kilómetros
al noreste de Juàzeiro; cerca del lugar donde Spix recogió su
espécimen. El trampero le dijo que había cinco guacamayos de Spix
allí.
En abril de 1986, Roth
partió para verificar la información del trampero. Él confirmó que
había guacamayos de Spix allí, pero tan sólo tres, una pareja y un ave
sola; los otros dos habían sido ya atrapados. Los guacamayos estaban
localizados en una mancha de bosque de galería en el borde de uno de
los muchos cauces de la zona.
Roth obtuvo información
importante sobre los hábitos del ave. Su hallazgo más importante fue
que parecían especialmente ligados a los altos árboles que crecían a
lo largo de los barrancos. En particular en la pequeña zona de
arboleda en la que vivían, en un lugar llamado Melancia Creek, los
tres loros parecían preferir algunas de las caraibas más grandes para
anidar y posarse.
Roth encontró que estas
aves eran criaturas de costumbres, que utilizaban una y otra vez
orificios concretos para anidar y lugares específicos para dormir. Vió
como los guacamayos conseguían una gran cantidad de alimento en los
árboles que solo crecían en los barrancos, donde las condiciones eran
húmedas comparadas con el espino seco y los cactus achaparrados en los
alrededores. También aprendió de los habitantes de la zona que las
abejas africanas que habían sido introducidas en Brasil fueron un
problema para los guacamayos de Spix. Este agresivo insecto ha
colonizado recientemente el noreste de Brasil y se dice que han matado
guacamayos de Spix en sus propios nidos.
También se observó que el
guacamayo de Spix, como otro ave o animal, había sido considerado una
presa interesante en el pasado y había sido abatido como alimento.
Pero los tramperos fueron los que representaban el peligro real. Así,
para proteger los pocos ejemplares que había encontrado, Roth hizo un
trato con algunos lugareños para que los protegieran y continuó su
búsqueda.
Roth realizó varias más de
estas búsquedas extensivas a través del noreste de Brasil,
investigando localidades sugeridas por furtivos, granjeros y
ornitólogos, pero no encontró señales de ningún otro guacamayo de Spix.
Roth regresó a Melancia
Creek en mayo de 1987 a pagar a los guardias que había contratado para
cuidar de los pocos ejemplares que había encontrado allí. Tan sólo
quedaban dos de ellos. El mes anterior a su regreso el otro había sido
capturado. Esto significaba que los últimos que se conocían en la
naturaleza eran una sola pareja.
A finales de año, en la
Navidad de 1987, Roth fue avisado que un trampero había vuelto y
capturado uno más, dejando tan sólo un ejemplar de los últimos tres.
En enero de 1988, Roth recibió noticias de que incluso el último había
desaparecido también, capturado por los tramperos.
La pérdida de esta última
y reducida población fue muy preocupante en los círculos
conservacionistas. Aunque no estaba probado que la especie estuviera
extinta en la naturaleza. De hecho, seguían existiendo informes de
otros ejemplares salvajes sacados de brasil. Uno llegó al ICBP de un
fotógrafo brasileño de fauna salvaje Luiz Claudio Marigo. Él
proporcionó información que sugería que la especie permanecía en la
región de Gerais en unas montañas llamadas la Chapada das Mangabeiras.
El ICBP decidió apoyar una expedición para explorar la región entre
junio y julio de 1990.
Se llevó a cabo una larga
búsqueda, pero no se encontraron aves en esa región: tampoco había
ninguna evidencia de su presencia reciente en la zona. Un detallista
de pájaros, sin embargo, sugirió que el equipo del ICBP debía buscar
mucho más al este, en la región de Curaça.
Otros guías captados en la
zona llevaron al equipo de búsqueda hasta Melancia Creek - el lugar
donde Roth había localizado el trío de ejemplares unos años antes. Tan
sólo fue localizado un ejemplar - probablemente el último del que Roth
había informado que había sido atrapado, pero que, evidentemente no lo
había sido.
El
equipo del ICBP determinó que la especie
prefería un bosque en galería único, que tan sólo se encontraba en las
secas planicies del curso medio del río Sao Francisco. Las sugerencias
previas de que podía estar especializada en la los palmerales de
buriti parecían erróneas. Otra zona similar de bosque en galería,
franqueando otro barranco, el de Vargen - fue registrada y se
encontraron pruebas concluyentes de que los guacamayos de Spix habían
vivido allí también, pero todos habían sido capturados.
Dado que tan sólo quedaban
esas dos zonas de hábitat aparentemente adecuado, parecía que el
último ejemplar encontrado en Melancia Creek era probablemente el
último de su especie que quedaba en libertad. Los investigadores que
encontraron el último ejemplar sugirieron que los informes de las aves
en el amplio interior del noreste de Brasil estaban equivocados - como
lo estaban al suponer la dependencia de las palmeras buriti. Era, al
parecer, un habitante especializado de un tipo de hábitat muy
restringido.
El furtivismo era
claramente la razón principal de la desaparición de la pequeña
población que vivió en un tiempo en los alrededores de Curaçá, que en
la década de los 70 pudo sumar unos 60 ejemplares. Existían, sin
embargo, razones a largo plazo para la desaparición del guacamayo de
Spix - especialmente tras los siglos de desaparición de su único
hábitat.
El Río San Francisco era
una de las rutas principales hacia el interior de Brasil durante la
explotación colonial. En su tramo medio, alrededor de Juàzeiro se
convirtió en un enclave importante para los ranchos. Se fundaron
ciudades y se desarrollaron grandes propiedades. La tierra fue
cambiando gradualmente a medida que la población comenzaba a asentarse
durante el siglo XVII. Los árboles más altos fueron abatidos para
proporcionar madera para los edificios y los barcos, mientras que los
cultivos ocupaban las mejores tierras - por ejemplo alrededor de
Curaçá. El mayor énfasis, sin embargo, estaba en el ganado y, al
comienzo del siglo XVIII ya había ranchos extensivos. Para limpiar las
tierras y obtener pastos, los colonos usaban el fuego.
Más de cien años de
incendios, talas y pastajes intensivos precedieron al paso de Spix y
Martius a principios del siglo XIX. Tan sólo podemos aventurar
hipótesis sobre cual era el estado de esos especiales barrancos en
aquel entonces, pero dada la rara humedad que contenían, la presencia
de grandes árboles madereros y el potencial de cultivo de sus suelos,
su degradación ya debía estar bastante avanzada a principios del siglo
XIX, cuando fue capturado el primer guacamayo de Spix por un
científico. Roth suponía que los bosques en galería podrían haberse
extendido hasta 50 kilómetros dentro de la caatinga a ambos lados del
Río San Francisco y que en el pasado debían haber estar presentes en
una parte significativa de su curso medio. Para cuando se encontró el
último ejemplar de guacamayo de Spix salvaje, tan sólo dos pequeñas
manchas de bosque en galería se conservaban, el resto había
desaparecido.
Durante el siglo XX,
emergieron nuevas presiones sobre los ecosistemas locales. En la
década de los 50, el Banco Mundial financió extensos proyectos de
gestión hidrológica. Por entonces el valle de San Francisco tenía una
estructura de uso de la tierra típica en gran parte de Brasil: enormes
haciendas y plantaciones propiedad de latifundistas mientras que la
mayoría de la población vivía en una extrema pobreza como aparceros,
arrendatarios y braceros. La llegada del riego propició el cultivo a
gran escala de caña de azúcar, soja y maíz.
En 1974 el Banco Mundial
proporcionó financiación para la presa del Sobradinho. El reservorio,
creado sobre una represa a unos 50 kilómetros cauce arriba de Juàzeiro
y Petrolina, inundó una gran zona del valle de San Francisco,
incluyendo cualquier hábitat potencial del guacamayo de Spix que
pudiera haber existido allí. Más tarde, las presiones que aparecieron
para hacer prospecciones de gas, petróleo y minería se añadieron al
impacto de la agricultura y la energía hidroeléctrica15.
Así, el guacamayo de Spix
aparece como la víctima de una degradación a largo plazo, así como una
reciente explotación insostenible para satisfacer la demanda
internacional de aves raras en cautividad. Funcionalmente extinto en
la naturaleza, en 1990 se confirmó que la única oportunidad para
salvar la especie era la escasa población cautiva.
El programa oficial de
recuperación
Antes de la confirmación
final del verdadero estado del guacamayo de Spix en la naturaleza, ya
se habían comenzado los esfuerzos para establecer un programa de
recuperación. El primer intento serio de establecer un programa de
conservación tuvo lugar en Loro Parque en Tenerife, en agosto de 1987.
En aquel entonces, había un total de 12 ejemplares confirmados en
varias localizaciones fuera de Brasil y otros 12 en Brasil - 24 en
total. Circulaban rumores de que podrían existir otros 19, pero no
había confirmación de la existencia de ninguno de ellos. Una serie de
entrevistas posteriores tuvo lugar en los meses siguientes. Estas
involucraron varias combinaciones de las partes interesadas, incluido
el Gobierno Brasileño, expertos científicos, agencias internacionales
como CITES y TRAFFIC, así como los propietarios de las aves cautivas.
Esas discusiones condujeron al establecimiento de un grupo de trabajo
para la gestión del guacamayo de Spix. El equipo de trabajo de turno
propuso el establecimiento de un Comité Permanente para la
Recuperación del guacamayo de Spix. Se reunió por primera vez en julio
de 1990 - la misma semana en la que el equipo del ICBP estableció que
el ejemplar de Melancia Creek era el último de su clase en la
naturaleza.
Los objetivos del Comité
eran consolidar la información sobre el guacamayo de Spix en la
naturaleza, identificar el área histórica de la especie, determinar el
sexo de las aves cautivas, crear un libro de cría y elaborar un plan
de acción para asegurar la supervivencia de la especie. En el último
propósito se incluía la determinación de los cuidados básicos,
veterinarios y datos reproductivos para incrementar la productividad
del guacamayo de Spix en cautividad. El primer encuentro también
identificó los centros con instalaciones suficientemente equipadas
para criar estas a ves y recomendó un par de transferencias de
ejemplares entre propietarios.
En ese momento, había unos
15 ejemplares conocidos en cautividad, algunos de los otros que se
creía que existían unos años antes no se materializaron, y otros
habían muerto. De los 15 conocidos a mediados de la década de los 90,
había seis dentro de Brasil: uno en Sao Paulo del criador privado
Nelson Kawall, otro en Recife, en el noreste, en los aviarios de
Mauricio dos Santos y cuatro más en el Zoo de Sao Paulo. El resto
estaban dispersos por el exterior; dos en Tenerife en Loro Parque,
seis en las Filipinas en el Centro de Cría Internacional de Antonio de
Dios y otro más en el Vogelpark Walsrode en Alemania.
En octubre de 1990, el
Gobierno de Brasil estableció que si algún otro propietario de
guacamayos de Spix estaba interesado en salir a la luz y cooperar con
el Comité, sus aves no serían confiscadas. Tres aves estaban
involucradas, la posesión de un avicultor privado suizo: Joseph
Hämmerli.
De 1990 en adelante hubo
varios intentos fallidos de hacerlo, la mayoría de los ejemplares
cautivos de los que se desconocía el sexo fuero examinados para
determinarlo. La total ausencia hasta este punto, incluso de esa
información tan básica, subrayaba lo lejos que estaban de ser
efectivos aquellos embrionarios esfuerzos para salvar la especie.
Actividades de
Conservación - campo y aviario
In el campo:
Hasta 1990 se había
asumido que el guacamayo de Spix tenía un vasto rango de distribución
en el interior de Brasil, que abarcaba diferentes tipos de hábitats,
incluyendo los pantanos con palmera buriti, cerrado y caatinga. Tras
la expedición de ICBP, ahora se pensaba que era un habitante
especialista de los bosques en galería que estaban desapareciendo.
Cualquier esfuerzo de reintroducción serio debería establecer acciones
para salvar también ese hábitat. Esto significaba que había razones
para llevar a cabo actividades de conservación en los bosques en
galería de la caatinga además de a través de las diferentes
colecciones de aves.
Así, poco después de que
ser localizado el último ejemplar, se encargó del trabajo de campo a
un científico, para promover la causa del guacamayo de Spix en la zona
y recopilar información sobre el ejemplar salvaje. A él se unirían más
tarde otros que llevarían a cabo trabajos pioneros y vitales en las
arboledas nativas del último ejemplar salvaje.
Cuando fue localizado el
último ejemplar en Melancia Creek, el Comité tuvo que enfrentarse a
una elección difícil - liberar o no, una pareja para que se reuniera
con el. Por un lado, el ave podría ser atacada por un predador o por
un furtivo, colocando la especie un paso más cerca de la extinción
total; no solamente al desaparecer por completo en la naturaleza, sino
a través de una disminución de la población. Por otro lado, si se
capturaba al ejemplar salvaje, entonces ¿cuál sería el argumento para
proteger los remanentes de bosque en galería? Además, ¿Cuál sería en
efecto sobre el apoyo local al programa de recuperación? También,
¿Cuáles serían las probabilidades de los ejemplares criados en
cautividad si fueran liberados en un lugar extraño en el que no
hubiera ningún otro de su especie del que aprender?
El último ejemplar salvaje
sabía donde encontrar agua en la estación seca, conocía que frutos y
semillas eran apropiados para comer y sabía donde encontrarlos. Él
conocía donde se escondían los depredadores y desde donde podían
atacarle. Él poseía una cultura vital, un eslabón entre las aves
cautivas y la posible liberación que un día podría volver a poblar
unos regenerados y protegidos bosques en galería.
Durante una reunión
técnica a finales de 1992, más de dos años tras el descubrimiento del
ejemplar salvaje, el Comité de Recuperación decidió que lo más
adecuado sería no capturar al último guacamayo de Spix. Además, se
acordó seguir la propuesta del ICBP y seleccionar un ave de la frágil
población cautiva para liberarlo y que se convirtiera en su compañera.
Si se conseguía que la pareja salvaje criara con éxito, y se
suplementaria la población con ejemplares criados en cautividad para
crear una pequeña bandada salvaje, se podrían dar mayores
oportunidades que condujeran a la recuperación exitosa del guacamayo
de Spix en sus bosques nativos. Pero antes de liberar un ejemplar
cautivo irremplazable, era absolutamente vital determinar de forma
certera el sexo del salvaje.
Se creía que el último
guacamayo de Spix era un macho. Pero para tener la certeza total, se
recogieron plumas de la muda y se enviaron a la Universidad de Oxford
para realizar un análisis de ADN. El veredicto tardó varios meses en
conocerse, puesto que para ello hubo que establecer un protocolo de
análisis totalmente nuevo. Efectivamente se confirmó que el ejemplar
era un macho.
Continuando con la
decisión de dejar el último ejemplar salvaje en libertad y de liberar
una compañera para que se le uniera, se construyeron instalaciones en
Melancia Creek para apoyar las tareas de reintroducción. Se seleccionó
una hembra de la población cautiva para su liberación. Este ejemplar
se capturó en la naturaleza en 1987 y era, con bastante probabilidad,
la antigua compañera del ejemplar salvaje. Se trasladó a la hembra
hasta las instalaciones y se la preparó para la liberación. En marzo
de 1995, fue puesta en libertad.
Hubo un periodo de tensión
tras la suelta, puesto que no había seguridad de que el ejemplar
salvaje y la hembra liberada quisieran formar una pareja. La
incertidumbre era mayor por el hecho de que el ejemplar salvaje había
formado una pareja híbrida con un guacamayo maracaná (Propyrrhura
maracana), una especie de guacamayo de menor tamaño que también
vivía - aunque no de forma exclusiva - en los bosques de galería donde
el guacamayo de Spix pasaba la mayor parte del tiempo. Esta extraña
pareja había formado un fuerte lazo y eran vistos juntos con
frecuencia. En lugar de atrapar o eliminar al guacamayo maracaná, se
pensó que sería más seguro dejarlo ya que su eliminación podría ser
más estresante para el último Spix.
La pareja híbrida y la
hembra liberada fueron vistos pronto volando como un trío. Más tarde
la hembra y el macho de Spix comenzaron a pasar más tiempo juntos.
Parecía que el experimento había funcionado y que se había establecido
una pareja salvaje. Entonces la tragedia golpeó súbitamente - la
hembra desapareció. Había estado en libertad menos de tres meses.
No se supo la razón de su
desaparición inmediatamente. Sin embargo, unos años más tarde, un
vaquero local informó de que había encontrado el cadáver del ave bajo
una línea eléctrica con la que aparentemente había chocado. El macho
estaba sólo una vez más, y se decidió que ninguna otra hembra podía
ser arriesgada en un intento de liberación.
A pesar de este
inconveniente, el trabajo del equipo de campo en Melancia Creek
continuó con la monitorización del último ejemplar salvaje. Entre
otras observaciones interesantes, comprobaron que en la estación de
cría 1996-1997 la pareja híbrida pasaba más tiempo alrededor de un
nido en algunas viejas caraibas. Los investigadores sospecharon que
había una puesta. Comprobaron el nido y observaron tres huevos. Con el
respaldo del Comité de Recuperación, el equipo de campo tomó la
decisión de reemplazar los huevos con otros obtenidos de un nido de
guacamayo maracaná cercano.
Se asumía que los huevos
recogidos del nido de la pareja híbrida serían estériles. Pero un
examen más profundo por parte de un científico de Sao Paulo reveló que
en uno de ellos había desarrollado un embrión. El embrión estaba
muerto y probablemente no era viable pero se trataba, con toda
certeza, de un híbrido - contenía ADN de guacamayo de Spix.
Incluso si esta única
pareja de aves no podía producir descendencia viable o fértil, o, a
juicio de los científicos, arriesgarse a criar descendencia híbrida,
quizá si podían actuar como padres adoptivos de huevos de guacamayo de
Spix obtenidos de parejas cautivas. Podría ser que incluso pudieran
criar pollos nacidos en cautividad que fueran colocados en su nido.
Puesto que poco más podía hacerse para reintroducir más ejemplares en
las arboledas de los barrancos, los científicos pensaron que valía la
pena intentarlo. La pareja híbrida aceptó el cambio de sus huevos por
los de guacamayo de maracaná obtenidos de un nido salvaje cercano y
los crió con éxito, pero los predadores acabaron con los jóvenes. Los
investigadores tuvieron que esperar otro año antes de que la pareja
híbrida volviera a anidar. Se intentó otra adopción cruzada con huevos
de guacamayo maracaná en la temporada de cría 1997-1998, pero también
fue un fracaso cuando los huevos fueron devorados, por predadores
mamíferos o una serpiente.
En la siguiente estación
de cría la pareja híbrida hizo dos intentos de anidación. El primero
fue fallido, pero en diciembre de 1998 la pareja realizó otra puesta y
los investigadores lanzaron el cuarto esfuerzo para conseguir que
criaran.
En esta ocasión, en lugar
de remplazar los huevos por otros de un nido de guacamayo maracaná
como en ocasiones anteriores, se cambiaron por unos de madera. En
enero de 1999, tras 23 días de periodo de "incubación", los
investigadores reemplazaron los huevos de madera por dos pollos de
tres días de edad. En marzo, los padres adoptivos volaban por el
barranco junto con los dos jóvenes. Tras este éxito, se consideró
posible un nuevo experimento - reemplazar los huevos de la pareja
híbrida con huevos de guacamayo de Spix de cautividad.
Mientras tanto, se estaba
llevando a cabo otro experimento. Este consistía en la liberación de
guacamayos maracaná criados en cautividad. Éste fue concebido como una
prueba para la futura liberación de guacamayos de Spix en cautividad.
Para ello se asumía que los desafíos de la liberación serían muy
similares en ambas especies y, por ello, era más conveniente probar
con la especie menos amenazada primero.
Las aves fueron donadas
por Loro Parque Fundación para tomar parte en el experimento. Algunas
de ellas habían sido criadas a mano. Estas fueron seleccionadas
deliberadamente para la liberación puesto que los resultados de su
adaptación serían especialmente útiles a la hora de planificar las
siguientes fases de la recuperación del guacamayo de Spix, que podrían
comprender inevitablemente ejemplares criados a mano.
En noviembre de 1997, se
colocaron 11 guacamayos maracaná en el aviario de adaptación de
Melancia Creek, construido originalmente para la liberación de la
hembra de Spix en 1995. Con objeto de maximizar la información que
podría ser obtenida de la liberación de estas aves, se las marcó con
radio-collares para poder seguir sus movimientos más de cerca y
estudiar su comportamiento más detalladamente.
Poco después de un año,
debido a varias dificultades en la selección de la forma correcta del
equipo de seguimiento por radio, las aves fueron finalmente liberadas.
La idea era liberar tan sólo un componente de cada una de las parejas
establecidas en firme, así los ejemplares liberados permanecerían en
la zona. Se colocó comida, agua y cajas nido en los alrededores para
facilitar la adaptación a la vida salvaje de las aves liberadas. Los
guacamayos fueron seguidos de cerca y, como se esperaba, permanecieron
en las cercanías del aviario. La otra mitad de las parejas fue
liberada en enero de 1999.
A pesar de algunas muertes
tempranas, siete sobrevivieron y realizaron una transición exitosa
hacia la vida salvaje. La reintroducción fue tan exitosa que algunos
de los guacamayos maracaná realizaron intentos de cría inmediatamente
después de haber sido puestos en libertad. En Loro Parque estos
guacamayos hubieran criado desde febrero-marzo hasta julio. En Curaçá
la temporada normal de nidificación debería estar entre diciembre y
enero. El intento de cría sincrónico con las fechas normales de los
guacamayos maracaná en la zona demostró lo bien que se habían adaptado
las aves a las condiciones locales.
Ha tenido lugar una
reintroducción exitosa de aves criadas a mano. Los resultados de esta
liberación y los experimentos de adopción podían ser utilizados para
apoyar posibles estrategias de recuperación que incluyan la liberación
de guacamayos de Spix juveniles a través del nido híbrido o desde el
aviario.
En una reunión del Comité
de Recuperación que tuvo lugar en el Zoo de Houston a finales de 1999,
el criador filipino Antonio de Dios acordó proporcionar cinco jóvenes
guacamayos de Spix para su liberación en los bosques en galería de
Melancia Creek. Las aves fueron cuidadosamente seleccionadas para no
poner en peligro la base genética de la población cautiva. Serían tres
hembras y dos machos. Junto con el macho salvaje, se preveía la
existencia de tres parejas en su hábitat natural.
Sin embargo, antes de que
esas aves pudieran ser preparadas para su liberación, volvió a ocurrir
un hecho desastroso. El macho salvaje desapareció. A principios de
2001 se le dio por muerto. Este suceso trágico, aunque no totalmente
inesperado, marcó un nivel en los esfuerzos de recuperación - el
guacamayo de Spix estaba en este punto extinto en estado salvaje. Al
mismo tiempo, cualquier propuesta de adopción cruzada de guacamayos de
Spix criados en cautividad a través del nido híbrido ya no era
posible. También, las expectativas de éxito por una reintroducción
"suave" de aves criadas en cautividad se disminuían debido a que el
"tutor" salvaje había desaparecido.
En cautividad:
Cuando se determinó que
tan sólo quedaba un ejemplar en estado salvaje, estaba claro que las
expectativas de supervivencia de la población dependían totalmente de
la población cautiva. Sin embargo, los retos a los que se enfrentaba
el programa de cría en cautividad eran considerables. Estos incluían
cuestiones políticas y técnicas.
En 1994, cuatro años
después de formarse el Comité de Recuperación y haberse establecido
algunos intercambios entre colecciones, se convino una primera reunión
del subgrupo de cría en cautividad en Fort Lauderdale, Florida, para
considerar una primera versión del libro de cría. Por esa época, la
población cautiva (debido a la aparición de las aves en Suiza y al
éxito de cría) había aumentado a 31. Aunque tan sólo 11 eran hembras.
A pesar del lento pero
constante incremento en el número de ejemplares, el año anterior había
sido testigo de la catastrófica muerte de dos hembras. Una de ellas
era una hembra procedente de la naturaleza y mantenida en Loro Parque
desde 1985; la otra pertenecía al criador privado Nelson Kawall en Sao
Paulo. La segunda fue una pérdida particularmente seria. Era un
ejemplar capturado en la naturaleza a principios de los 80 y, aunque
había puesto huevos, nunca se había reproducido en cautividad.
La pareja establecida en
la colección de dos Santos en Recife no había criado, ni tampoco lo
habían hecho las aves del Zoo de Sao Paulo. Al menos una pareja de
guacamayos de Spix había residido allí desde 1969, pero no tuvo éxito
en la cría. Se acordaron otros nuevos emparejamientos debido al
crecimiento de las colecciones de Dios y Hämmerli. El criador filipino
tenía entonces 18 ejemplares, lo que era más de la mitad de la
población mundial en esa fecha, incluyendo dos parejas reproductoras,
mientras que la población de guacamayos de Spix en Suiza se mantenía
en cinco, con una pareja criadora declarada entre ellos.
Con este escenario, de
sólo tres parejas reproductoras activas, se recomendaron nuevos
emparejamientos a los participantes de la reunión. El objetivo era
obtener un número mayor de guacamayos productivos, especialmente
aquellos que no habían transferido su valiosa información genética a
la generación siguiente. Al mismo tiempo los nuevos emparejamientos
trataban de establecer diferentes líneas de sangre en los diferentes
centros de cría, para que una pareja de guacamayos no inundara a la
población completa con sus genes.
Se propuso trasladar el
macho desemparejado de Nelson Kawall a una instalación en la que
pudiera emparejarse con una hembra. Se propuso que fuera enviado a
Filipinas. La pareja del Zoo de Sao Paulo debía trasladarse a Loro
Parque. Los guacamayos de Sao Paulo eran la hembra vieja soltera que
se mantenía allí desde mediados de los 70 y un macho obtenido en
Paraguay en 1987. Los guacamayos de Loro Parque eran el macho original
y su hija. Se decidió crear dos nuevas parejas de esos cuatro
ejemplares de Loro Parque. El macho que seguía en el Zoo de Sao Paulo
debería ir a Suiza y una hembra de Filipinas a las instalaciones de
dos Santos en Recife.
La reunión de Fort
Lauderdale también trató de retomar esfuerzos previos fallidos para
obtener la huella genética de la población cautiva. Esto arrojaría luz
sobre que ejemplares del programa estaban emparentados cercanamente y
permitiría establecer los emparejamientos ideales desde un punto de
vista genético. Esta información era crucial para el esfuerzo de
recuperación.
En 1991 ya había sido
llevado a cabo un intento de obtener los datos de ADN. Sin embargo,
cuando los resultados se distribuyeron en septiembre de 1992, había 23
ejemplares en la población cautiva y las muestras de cinco de ellos
(tres en Suiza, el ejemplar de Walsrode y uno de los loros de Dios) no
sirvieron. Los datos eran además técnicamente deficientes y el proceso
tenía que ser repetido - pero esto no se hizo.
Los resultados incompletos
significaban que algunos de los traslados de aves se habían realizado
sin detalles sobre las posibles implicaciones genéticas de los nuevos
emparejamientos. Esto era potencialmente muy problemático. No solo
había ya cría entre parientes en la población cautiva, sino que podía
haber habido endogamia también en la naturaleza. Todos las aves
cautivas parecían proceder de dos, y probablemente sólo una, pequeña
población cerca de Curaçá, y era bastante plausible que los loros
mantenidos en varias partes del mundo fueran en realidad parientes
cercanos - ¡puede que incluso miembros de una misma familia! Los
vacíos y deficiencias del análisis de ADN eran, cuando menos,
problemáticos.
A pesar de este retroceso,
existía un esfuerzo continuo por emparejar las aves a través del libro
de cría, que estaba siendo gestionado por una empleada del Zoo de
Houston. La población cautiva siguió creciendo para alcanzar en 2001
los 64 ejemplares.
Sin embargo, la expansión
provenía de las crías del pequeño grupo de fundadores. De los 20
ejemplares mantenidos por el propietario suizo en 1999, al menos 11 (y
quizá 16) tenían los mismos padres. Estos eran el viejo macho
capturado en la naturaleza en 1974 y la hembra joven procedente de
cautividad y transferida desde Filipinas.
En las instalaciones de
Antonio de Dios, donde ha habido un incremento de 26 ejemplares, 19 de
ellos proceden de dos parejas. Una pareja está formada por dos adultos
obtenidos originalmente a finales de los 70 o principios de los 80.
Han producido 12 ejemplares, uno de ellos la hembra transferida a la
prolífica pareja Suiza. La segunda pareja (que ha producido siete
descendientes) son hermanos y descendientes de la primera pareja de
Antonio de Dios. En total casi la mitad de la población cautiva es
descendiente de tan sólo seis ejemplares, que están además
emparentados unos con otros.
Las dificultades
potenciales que aparecen al utilizar una escasa base genética fueron
empeoradas por los movimientos no autorizados por el Comité. El primer
aldabonazo vino con la salida del propietario suizo del Comité de
Recuperación. Se retiró y vendió sus aves a entre uno y tres criadores
suizos. La mayoría (15 de 20) fue a parar a un propietario que al
menos ha prometido su colaboración con el Comité de Recuperación. Se
informó que los otros cinco se repartieron entre dos propietarios que
no son miembros del Comité, y que, aparentemente, no tienen intención
de serlo en el futuro. Otro aldabonazo al esfuerzo de recuperación
vino cuando el propietario filipino transfirió cuatro de sus aves al
emirato de Quatar, en el golfo pérsico, a principios de 2000. Este
traslado tampoco estaba autorizado por el Comité pero aparentemente se
realizó con la asistencia de la gestora del libro de cría.
Como resultado de los
cambios en la propiedad de las aves, que no fueron autorizados por el
Comité, afloraron tensiones que condujeron a la agencia gubernamental
del Gobierno Brasileño -IBAMA- a suspender las actividades del Comité.
A partir de este punto, ya no existía un cuerpo director capaz de
llevar adelante el programa de recuperación del guacamayo de Spix.
Varios ejemplares permanecían sin pareja en Tenerife, Suiza y Brasil.
Puesto que no había Comité, no podían realizarse transferencias.
También, siguiendo el colapso del Comité, Loro Parque Fundación, la
institución que ha financiado la mayor parte del trabajo de campo
mientras vivía el último ejemplar salvaje, decidió suspender sus
esfuerzos para la recuperación en los barrancos. Así, el vínculo
crucial entre los componentes de campo y de cautividad se rompía de
forma efectiva.
En Septiembre de 2001, la
gestora del libro de cría en el Zoo de Houston fue relevada de sus
funciones en los esfuerzos de recuperación del guacamayo de Spix. Poco
después, el Gobierno de Brasil hizo propuestas sobre las
transferencias necesarias para maximizar el esfuerzo de cría en
cautividad. Estas estaban basadas en las recomendaciones hechas por
Natasha Schischakin, quien, a pesar de ya no trabajar en el Zoo de
Houston, seguía siendo considerada por los técnicos brasileños como la
gestora del Libro de Cría. En mazo de 2002 fue definitivamente
relevada de sus funciones y remplazada por el científico brasileño
Carlos Bianchi.
Logros y contratiempos
Logros
* El establecimiento del
Comité de Recuperación
Dadas las complejidades
legales y la amplia distribución geográfica de las aves cautivas, el
hecho de que el Comité se estableciera en una forma que consiguiera
amalgamar los diversos intereses de los grupos implicados fue un gran
logro. No hay duda de que sin el Comité, las dificultades hubieran
sido mucho mayores.
* Programa de cría en
cautividad-
Aunque existieron
desavenencias en su momento, permitió realizar algunos emparejamientos
y obtener mejores resultados de los que podrían haberse obtenido de no
existir (ver abajo), el hecho de que la población se cuadruplicara
entre 1990 y 2000 es un logro que debe ser reconocido.
* Apoyo conseguido sobre
el terreno
Un elemento crucial para
el éxito del programa a largo plazo (y que puede seguir siendo un
elemento vital en el futuro) fue la buena acogida con la que los
habitantes locales se aprestaron a apoyar el programa para salvar al
guacamayo de Spix. El equipo de campo, principalmente con el
patrocinio financiero de Loro Parque Fundación, se las arregló para
generar un ambiente favorable a los esfuerzos de conservación de la
especie localmente. La experiencia en otras partes del mundo demuestra
la dimensión crucial de estas actividades en el futuro. Es necesario
considerar con preocupación que este aspecto del plan de recuperación
actualmente está tan sólo apoyado por el IBAMA con una escasa
financiación.
* Experimentos e
investigación de campo exitosa
Una gran cantidad de
información fue obtenida tanto de la observación como de los
experimentos y será de gran ayuda más adelante. Aunque la mayor parte
del material recopilado permanece inédito hasta la fecha, lo que
limita su valor actual.
Contratiempos
* No se ha establecido una
población junto con el último ejemplar salvaje -
El hecho de que el último
ejemplar viviera durante una década fue un increíble golpe de suerte
para el programa de recuperación. Sin embargo, es un contratiempo que
durante ese periodo no haya sido posible establecer más ejemplares en
libertad, alrededor del núcleo crucial del último macho en libertad.
* No se ha acordado un
programa de recuperación -
A pesar del enorme
esfuerzo que se ha puesto en las reuniones para buscar consensos
(quizá no suficientemente frecuentes para llevar a cabo progresos
suaves y eficientes) sobre la cría en cautividad y el trabajo de
campo, es curioso que hasta la fecha no haya un acuerdo generalmente
aceptado sobre el programa de recuperación del guacamayo de Spix. Este
es un resultado especialmente notable dado que la generación de dicho
plan era uno de los objetivos principales del Comité en su creación.
Sigue sin haber una política oficial, o programa de actuación con
presupuestos, responsabilidades o plazos temporales.
* Continúa sin haber una
protección formal del hábitat
IBAMA firmó inicialmente
un acuerdo con el terrateniente responsable de la zona donde se
encontró el último ejemplar, pero expiró a los cinco años. Se estudió
una propuesta de compra de las zonas más importantes en esa época pero
no se actuó hasta mediados de 2001. El vallado de algunos espacios
forestales importantes se llevó a cabo, pero sigue sin haber un plan a
largo plazo para combatir la presión del pastoreo y sus efectos en el
irremplazable hábitat del guacamayo de Spix.
* No hay una guía de
manejo en cautividad -
A pesar de los encargos
hechos en 1994, sigue sin haber una sola guía de manejo de la especie
en cautividad. De forma que gran cantidad de la experiencia ganada en
los cuidados veterinarios, bienestar general y crianza de esta especie
en cautividad continúa dispersa e inédita.
* Ausencia de un análisis
genético para tomar decisiones sobre emparejamientos
A pesar de la ineludible
necesidad de impedir la endogamia, sigue sin haber un análisis
genético global de la población cautiva. Esto sigue siendo un
obstáculo para la cría efectiva en cautividad. Este trabajo, y el
concerniente a la producción de una guía de manejo, eran
responsabilidades delegadas a la gerente del libro de cría. Claramente
será necesario en un futuro asegurarse de que la persona que gestione
el libro de cría tenga el compromiso y la capacidad de llevar a cabo
esas importantes tareas.
* Dificultades creadas por
transferencias y ventas -
El hecho de que los
propietarios individuales decidieran vender y transferir aves fuera de
las decisiones del Comité ha sido causa de serios problemas. El hecho
de que estos individuos hayan elegido actuar de esta forma es, en
último término, un problema de conciencia individual. Que no haya
sanciones que puedan serles aplicadas subraya la cuestión central de
quién posee la propiedad de las aves.
Conclusiones
No dejar que ocurra de
nuevo
Está bastante claro que no
puede permitirse que vuelva a ocurrir la extinción del guacamayo de
Spix en la naturaleza. La última población silvestre debería haber
sido protegida, y hubiera sido necesario no tolerar la captura y
comercio con la especie. Sin embargo, hay que reconocer que la suerte
de las especies amenazadas, como el guacamayo de Spix, no pueden
desvincularse de la situación económica a largo plazo que influye en
la pérdida y degradación del hábitat, y que los esfuerzos para
conservar las criaturas críticamente amenazadas deben ser situados en
un contexto realista.
Las cuestiones de la
propiedad deben ser resueltas
Un elemento central que
lastró el programa de recuperación desde el principio ha sido la
cuestión de quien posee las aves. Sin ningún acuerdo claro sobre la
posesión, el control y coordinación de las aves cautivas se convierte
en imposible. Loro Parque Fundación en un gesto honorable (e inédito
entre los criadores no brasileños) retornó la propiedad de las aves al
Gobierno de Brasil. Teniendo un control sobre las aves cautivas, es
mucho más fácil que las decisiones se tomen más rápido, los fondos se
orquesten de manera más sencilla y los esfuerzos prácticos para salvar
la especie sean considerablemente más eficientes.
El guacamayo de Spix
todavía puede ser salvado
La cuestión clave, por
supuesto, es si la especie puede ser salvada. La respuesta es que sí
puede. Existe una amplia experiencia alrededor del mundo que nos anima
a tener un punto de vista optimista. Sin embargo, es necesaria una
aproximación más sistemática y determinada que la que se ha visto
hasta la fecha, y deben clarificarse cuestiones centrales, incluyendo
el tema de la propiedad.
Revisión
El futuro debería estar
basado en una visión independiente de los esfuerzos de recuperación
hasta la fecha. Hay muchas lecciones que deben ser aprendidas en estos
12 años de programa de recuperación oficial, y deberían ser
consideradas a la hora de planificar las siguientes fases. Con objeto
de obtener credibilidad y respeto por las múltiples partes
involucradas, esa revisión debe ser llevada a cabo por una entidad
totalmente independiente, que no haya tenido ningún papel en los
esfuerzos de recuperación hasta la fecha. Debe concebirse un proceso
transparente, en el que todas las partes puedan contribuir con sus
perspectivas a la revisión.
Devolución del control a
Brasil
El esfuerzo de
recuperación debe estar en un futuro bajo un claro control brasileño.
Esto debería incluir, no sólo una resolución de las cuestiones de la
propiedad de forma que pongan más influencia en manos del país nativo
de los loros, sino también la colocación de, al menos algunos
ejemplares, en un centro de crianza al noreste de ese país -
preferiblemente en la localidad donde se vivían los últimos
ejemplares. Ciertamente surgirán problemas por lo remoto del lugar y
la falta de infraestructuras locales, pero esto no debería ser una
razón para no considerar y evaluar el coste de esa opción. El libro de
cría debe estar bajo control brasileño y cualquier futuro Comité debe
estar basado más firmemente en la soberanía brasileña de la especie.
Sin embargo, un giro de este tipo solo será posible si el Gobierno
Brasileño se compromete más firmemente y con credibilidad al rescate
de esta especie. Eso requerirá que los políticos y los técnicos
obtengan respaldo financiero y político en ese país. Hasta que esto
ocurra, muchos seguirán siendo escépticos sobre la capacidad de Brasil
de jugar un papel determinante en el rescate de esta especie.
Reconocimientos
Una gran cantidad de gente
ha contribuido a mi conocimiento y compresión sobre el guacamayo de
Spix y sobre los esfuerzos para su salvación. Son demasiados para
mencionarlos en un artículo de esta extensión pero, incluso en este
limitado espacio, quiero mostrar mi reconocimiento a la
particularmente útil ayuda prestada por el Dr. Nigel Collar de
Birdlife International, el ecólogo especializado en guacamayos Carlos
Yamashita y a Loro Parque Fundación, especialmente a su Director, Yves
de Soye.
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