
El Cadete (Lophospingus
pusillus), también llamado Soldadito o Cardenal de la Sierra, forma
parte de la numerosa Familia Emberizidae. Su distribución geográfica
comprende Bolivia, Paraguay, Argentina, y recientemente es incluido entre la
avifauna de Uruguay, a raíz de algunos registros en territorio nacional.
Habita en bosques y sabanas de tipo chaqueño, con abundante vegetación
espinosa. Mide entre 12 y 14 cm. Presenta un evidente dimorfismo sexual; el
macho tiene copete, franja ocular y garganta negros, intercalados con ceja y
malar blancos, el resto del cuerpo es gris, algo más claro en las zonas
ventrales; la hembra presenta tonos generales pardo-grisáceos con la
garganta blanca, careciendo de coloración negra. El canto del macho es
fuerte y agradable, aunque por momentos se puede tornar algo estridente; la
hembra también canta, pero mucho más bajo, principalmente si se encuentra en
jaula individual.
Paso a describir mi
experiencia de cría con esta especie. En primer lugar, quiero resaltar que a
pesar de su elegancia y aspecto delicado, es un pájaro fuerte y agresivo,
principalmente en época de cría. Por lo tanto, conviene manejarlos con
jaulas individuales y, en época de reproducción, con jaulas de cría o
voladoras con separador, para evitar inconvenientes entre los miembros de la
pareja.
La alimentación que les
proporciono es una mezcla de granos pequeños compuesta por una base de 50 %
alpiste, 25% de mijo y 25% de moha, con algo de abisín; 2 o 3 veces por
semana frutas y verduras como banana, manzana, naranja, achicoria, lechuga,
pepino, etc; 2 veces a la semana pastón de ACRU con huevo, aumentar la
frecuencia en época de cría y poner a disposición de forma permanente cuando
hay pichones; de vez en cuando les doy algunos gusanos de la harina o
tenebrios, aumentando la frecuencia antes y durante la cría, e infaltables
cuando hay pichones a razón de aproximadamente 20 a 30 gusanos por pichón
por día; piedra cálcica y cáscaras de huevo trituradas de forma permanente;
y durante 2 o 3 días seguidos cada semana durante todo el año suministro un
complejo vitamínico hidrosoluble en el agua del bebedero.
Para reproducirlos es muy importante
la tranquilidad del ambiente, la mansedumbre de los ejemplares y, sobre
todo, mucha paciencia. Pienso que es conveniente que los reproductores
tengan por lo menos 2 años, para asegurarnos de que se encuentran totalmente
desarrollados. El período de cría se extiende desde Setiembre - Octubre
hasta Febrero - Marzo, y no debemos dejar que realicen más de 3 posturas.
Mis primeros ejemplares, no nacidos en cautiverio y adquiridos ya adultos,
tardaron algo más de un año para mostrar signos de celo; como eran algo
ariscos opté para la cría el uso de un pequeño jaulón (1,0 m de frente X 0,5
m de profundidad X 1,20 m de altura). Teniendo en cuenta que este casal
siempre permaneció junto desde su adquisición y el jaulón carecía de
separador, dejo el macho con la hembra durante toda la temporada de cría, no
se producen problemas y se comprueba una importante colaboración del macho
en la alimentación de los pichones, no olvidar que este tipo de
procedimiento debe ser estrictamente controlado para actuar en caso de
necesidad. Con el uso de jaulas de alambre con separador de aprox. 60 X 30 X
30 cm, se facilitó considerablemente la higiene y el manejo, permitiendo
separar el macho o los pichones si es necesario; en varias oportunidades la
hembra se encargó, sin inconvenientes, absolutamente sola de la incubación y
crianza de los pichones. Es muy importante tener la precaución de que las
diferentes parejas no se vean entre sí mientras están criando, ya que
podrían abandonar el nido o matar a los pichones. El nido utilizado es de
canario de aprox. 10 cm de diámetro y ubicado cerca de algún ángulo superior
de la jaula, coloco abundante material de nidificación como pasto seco, crin
vegetal (utilizada para rellenar sillones), hilachas de arpillera y algodón,
generalmente utilizan mucho material disminuyendo el diámetro interno del
nido hasta los 5 – 7 cm. Las jaulas son protegidas con planchas de madera
compensada en la zona del nido para ofrecerle mayor intimidad a la pareja.
Ponen generalmente 2 - 3 huevos de coloración celeste agrisada con pintas,
manchas y rayitas negras y grises, cuyas medidas son 16,5 a 18,5 X 13 a 14
mm. La incubación demora unos 11 o 12 días a partir del 2º huevo,
generalmente momento en que la hembra comienza la incubación. Los pichones
son anillados a los 5 - 7 días con anillos de 2,5 mm de diámetro,
y abandonan el nido entre los 10 y 13 días, no volviendo más a él. Si la
jaula o jaulón no tiene separador conviene retirar el nido luego que los
pichones lo abandonen, y se evita que la hembra, una semana después,
comience una nueva postura que seguramente será abandonada por las molestias
generadas por los pichones aún dependientes e imposibles de separar, luego
del destete se vuelve a colocar el nido. A los 20 días de vida los pichones
comienzan a alimentarse por ellos mismos, mientras siguen siendo embuchados
por sus padres aproximadamente hasta los 35 días, momento en que conviene
separarlos definitivamente, ya que generalmente comienza a observarse cierta
agresividad de los padres hacia ellos, debiendo ser colocados en voladoras o
jaulones para favorecer el desarrollo, donde no debe faltar el suministro de
alimentos blandos. Los juveniles presentan una coloración muy parecida a la
hembra pero con las zonas ventrales estriadas. Aproximadamente entre los 6 y
8 meses se definen los sexos, momento conveniente para separarlos en jaulas
individuales. El plumaje de adulto aparecerá luego del primer año de vida; y
recién a partir de este momento es posible presentarlos en concursos para
que luzcan plenamente su elegancia y plumaje definitivo.
Para concluir, quisiera expresar mi
deseo de incentivar la cría en cautiverio de especies indígenas. Acá no hay
misterios, ni tabúes, ni especies imposibles, simplemente algunas especies
más exigentes que otras, pero siguiendo algunas reglas básicas, con sentido
común y mucha paciencia todo es posible. Paralelamente a la protección y
recuperación de los ambientes con sus especies, la cría en cautiverio
contribuye considerablemente a la conservación, ya que permite contrarrestar
una creciente demanda hacia ciertas especies, dando un respiro a las ya
severamente castigadas poblaciones silvestres. Para que todo esto comience a
hacerse realidad, inscríbase en alguna sociedad ornitológica, adquiera
únicamente ejemplares anillados si es posible e intente su reproducción.
“El Canario Uruguayo” – Revista de
Ornitología – Científica – Técnica – Práctica. Órgano Oficial de ACRU
(Asociación de Canaricultores Roller de Uruguay) – Revista Nº 3 Época II –
Julio 2005. Pág. 34 – 35.